"No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino." (S. Lucas 12:32) Donde me congrego, desde pequeños sabemos (y nos acostumbramos) que cuando un pastor "se porta mal" lo trasladan a una iglesia pequeña, lo mandan "castigado". Incluso, cuando no es así, igual se murmura "algo tiene que haber hecho para que lo mandaran a esa "iglesia pequeña". En resumen, normalizamos que las congregaciones pequeñas en varias ocasiones son el castigo para los castigados del clero. Hoy les invito a leer una reflexión sobre este tema, a la luz de lo que está ocurriendo en la Iglesia Evangélica Pentecostal (IEP). En búsqueda de las grandes congregaciones como el premio en la IEP Amados hermanos en la fe, hoy quiero reflexionar sobre un tema que ha estado en mi corazón durante mucho tiempo: la importancia y el valor inmenso de cada congregación, sin importar su tamaño, a los ojos de Dios, a través de tres puntos críticos observad...
Desde el pizarra, la banca y la sociedad, pensando la iglesia en el siglo XXI.